Empieza con tonos minerales base, como caliza, arcilla o basalto, y suma acentos vegetales que puedas modificar con textiles, flores de temporada y obras locales. Así reduces residuos, pruebas combinaciones sin miedo y permites que la personalidad del hogar crezca orgánicamente con cada estación.
La repetición de módulos que recuerdan hojas, escamas o panales no es ornamento vacío; ayuda a que el ojo descanse porque reconoce jerarquías naturales. Estudios sobre geometrías fractales muestran disminución del estrés; incorporarlas con prudencia teje continuidad visual y coherencia afectiva en recorridos diarios.